James Bond. Vargr

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Cuando hago una reseña de algún comic, especialmente de los de nueva publicación, procuro presentar obras que puedan gustar a un público amplio, de forma que sea mayor el número de personas que puedan disfrutar del mismo. En este caso, me temo que no va a ser del todo posible, ya que la obra que os traigo esta vez, posiblemente le guste a un público muy concreto, pero no necesariamente a todo el mundo.

James Bond, el agente 007 creado por Ian Fleming, es un personaje de sobra conocido por todo el público en general, eso es cierto. Lo más probable es que cualquiera de los que leáis este artículo hayáis visto alguna vez una película del agente británico, en alguna de sus diferentes reencarnaciones. Como productos de diversión son de esas cosas en las que es difícil equivocarse, pero a mucha gente no les apetece volver a ver una y otra vez estas películas. Sólo a sus fans, y precisamente es a ellos a quienes creo que les puede gustar este cómic.

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¿Quiere decir esto que aquellos que no siguen habitualmente al personaje deben pasar olímpicamente de la obra? En absoluto, ya que creo que como entretenimiento, cumple sobradamente con lo que se le pide. Pero quien avisa no es traidor, y seguramente los fans de toda la vida sean quienes le puedan sacar más jugo a sus páginas. Entre otras cosas, porque muchos de los elementos habituales en las películas de Bond, se encuentran presentes en este cómic, desde personajes secundarios como M, Q, Moneypenny, Bill Tanner… al uso de los diferentes gadgets, si bien de una manera muy contenida, mucho más cercana al Bond cinematográfico más reciente.

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Esa es una de las primeras cosas que debemos tener en cuenta, y es que Warren Ellis ha querido crear un comic que perfectamente encajaría dentro de las aventuras del agente interpretado en este caso por Daniel Craig. Métodos expeditivos, malhablado, violento y dejando poco tiempo para chascarrillos, el 007 de Ellis es bastante similar al que venimos viendo en la gran pantalla en los últimos años.

Si bien, curiosamente en el apartado gráfico no tenemos una representación del Bond rubio, sino más cercana al agente que interpretara Sean Connery en su día, o como comenta Cels Piñol en un artículo incluido en el tomo publicado por Panini, una especie de Jon Hamm (el Don Draper de Mad Men) transformado en agente secreto.

Hablando del dibujo, el trabajo de Jason Masters logra transmitir esa sensación de celeridad, de constante movimiento y acción, especialmente en las peleas, aunque no debemos olvidar que esto es un cómic, y que el espacio está limitado por el número de páginas, por lo que el hecho de condensar este primer arco argumental en los seis números recogidos en el tomo, nos obligará en más de una ocasión a los lectores, a “cubrir” los huecos que puedan darse dentro de la acción. Esto quizás puede chirriarnos a todos los lectores, fans o no del personaje, y es que en más de una ocasión esa sensación de acción desenfrenada, nos hubiera gustado que se sustituyese por un tono más pausado, o al menos por un número mayor de páginas que nos describan la acción con mayor detalle.

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En cuanto al argumento, sí que debemos señalar que se ha tratado de ser canónico en cuanto a la estructura habitual de las películas, con una primera “escena” de acción vertiginosa, que no necesariamente tiene que ver con el argumento principal de la historia, pero que nos pone en situación para lo que está por venir.

En este caso, un James Bond que tras vengar la muerte de su compañero 008, deberá hacerse cargo temporalmente de algunos de los casos de éste. Uno de ellos, relacionado con el tráfico de una nueva y peligrosísima droga, le llevará de Londres a Berlín, y posteriormente a Noruega, con el fin de detener a los traficantes, previas interrupciones en forma de agentes infiltrados, mujeres letales, secuaces impactantes (sin llegar desde luego a la altura de Tiburón, Oddjob y otros), etc. Y eso sí es algo que, como decía al principio, los fans del personaje agradeceremos a Warren Ellis.

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El tomo se completa con multitud de portadas alternativas de diferentes dibujantes, si bien las escogidas originalmente para cada uno de los seis números, son de una calidad muy alta, minimalistas pero no exentas de belleza. Por tanto estamos ante una obra muy recomendable para los seguidores de la saga, con los matices antes mencionados, pero que puede resultar también atractiva al menos para los amantes del comic de espionaje, que no suele abundar demasiado actualmente dentro del comic americano.

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