‘Hasta el último hombre’ (Hacksaw Ridge) 2016

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Vuelve el género bélico al cine y lo hace de la mano de Mel Gibson, actor norteamericano metido a director desde hace ya varias décadas. Demostró al mundo que pese a su innegable carisma como protagonista en cientos de películas (como las sagas Mad Max o Arma Letal entre muchas otras) su verdadera virtud y máximo potencial estaba como realizador detrás de las cámaras. A opinión personal es uno de los mejores directores que existen actualmente.

Su filmografía es más que notable, llegando a la excelencia en muchas ocasiones. Y aquí vuelve a demostrarnos el talento innato que posee a la hora de plasmar en imágenes la vida y obra de un nuevo héroe (algo que comparte en cierto modo toda su obra como cineasta). Con ‘Hasta el último hombre’ Gibson consigue un excelente filme bélico muy intenso con una fuerte carga emocional y cierto tono pseudo-religioso, todo ello marca de la casa de este pedazo director.

Gibson vuelve a la palestra tras varios años bastante convulsos donde sus lapsus verbales y temas personales bastante complicados han acabado salpicando su vida y por ende su carrera. A día de hoy no cuenta con la simpatía de Hollywood y casi se ha convertido en un paria dentro de la industria, alguien odioso al que no apoyar en sus proyectos. Pocos son los que lo han hecho desde entonces (su amiga Jodie Foster una de ellas). Pero como estamos aquí para hablar y juzgarlo por su trabajo como director tengo que decir que en este sentido es una verdadera lástima que el talento que posee este hombre esté tan desaprovechado. Sólo pensar lo que podría haber hecho en su proyecto cancelado sobre una película de vikingos con Leonardo DiCaprio como protagonista le da a uno como amante del cine poco menos que rabia.

Por suerte, y pese a que ese proyecto posiblemente nunca verá la luz (se rumorea una secuela de La Pasión de Cristo que la verdad, no sé cómo asimilar) nos trae aquí una gran película bélica basada en la vida de Desmond Doss (Andrew Garfield) un joven contrario a la violencia, que se alista en el ejército de los EEUU con el objetivo de servir como médico sanitario durante la Segunda Guerra Mundial, concretamente en la batalla de Okinawa.

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La historia de este Desmond Doss es lo suficientemente interesante como para ser llevada al cine, Gibson lo sabe y comparte algo en sus entrañas que le interesa mucho como cineasta y que hemos visto a lo largo de su filmografía. Y es cómo el director busca la historia de un héroe con unas convicciones propias, férreas e inamovibles, que no se detendrá ante nada ni nadie por ser lo que quiere ser. Esa fuerza de decisión por luchar por una idea y/o pensamiento la hemos visto en Braveheart, la volvimos a ver en La Pasión de Cristo y se repitió en Apocalipto. Todos sus protagonistas comparten una lucha por sus ideales contra viento y marea hasta el final, pese a sus consecuencias, y todos con cierto tono mesiánico o salvador. Un camino de sufrimiento personal para alcanzar un bien general. Tema que le interesa mucho a Gibson como director y que es la piedra angular de su filmografía.

Es innegable que esa moralina pseudo religiosa está en su obra fílmica y en esta ‘Hasta el último hombre’ vuelve a tener protagonismo. Pero el director la usa siempre para contarnos una historia y como empuje y/o resorte para la construcción de sus personajes. Nunca sientes que Gibson te esté manipulando o comiendo la cabeza con mensajes ocultos con propaganda religiosa. Es un recurso (su recurso) para construir a los (sus) personajes bajo unos ideales que se podrá o no estar de acuerdo con ellos pero que resultan convincentes. Él glorifica a estos personajes, los admira y nos lo muestra en su cine, sin florituras ni excesos vacuos, el sufrimiento siempre es el camino de todos ellos para llegar a un fin mayor, a su verdadera misión, en clara alusión a la religión cristiana. Así pues usa la motivación y la férrea decisión personal como alma y arma de sus personajes para construir sus películas.

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Y aquí volvemos a verlo, tanto es así que incluso hay un poquito de toda su filmografía en esta película. Así pues tenemos a un personaje protagonista con el que empatizar rápidamente, un tipo noble, algo ingenuo y humilde pero de fuerte pensamiento y decisión como ya lo era el propio protagonista de Apocalipto, que deberá enfrentarse en una batalla épica por su país como nos mostró con Braveheart y que está condicionado por una trama paternal que hará que comience su camino con el objetivo de salvar vidas de forma altruista pese a que será por ello repudiado, incomprendido, odiado, humillado y golpeado por los demás en clara alusión religiosa, como vimos en La Pasión de Cristo.

A Gibson le gusta y le interesan sus personajes y su evolución mesiánica, son su principal intención en todas sus películas, personajes que son simples hombres pero con fuertes convicciones y formas de entender el mundo en el que viven y que siempre son incomprendidos en su propio mundo a retratar. Son hombres decididos a llevar a cabo su voluntad y pensamiento a toda costa, el contexto en el que se desarrollan sus historias es simplemente el lienzo donde plasmar su idea. Para dar vida a Desmond Doss se ha elegido a Andrew Garfield, un actor que a modo personal me parece muy bueno y que creo que es un chico que destaca por encima de la media de actores de su generación cuando se pone en buenas manos. Como con David Fincher en La Red Social (su papel de lo mejor de esta película), en esta que nos ocupa junto a Mel Gibson o en la futura Silence de Martin Scorsese, se puede sacar oro a su interpretación si se le exprime bien, tiene buenas tablas.

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La película es él, respira y avanza gracias a su personaje, un chico sencillo que debido a problemas familiares acaba tomando una decisión y una forma de pensar que marcará su forma de ser y por ende su vida. Vemos toda su evolución a lo largo del filme, de cómo rehúsa por motivos lógicos el uso de todo tipo de violencia para aferrarse justamente a su lado opuesto. Gibson nos va mostrando con un ritmo siempre ágil y bien resuelto su evolución emocional y personal, desde sus problemas familiares, su relación amorosa y su alistamiento en el ejército de los Estados Unidos hasta llegar al campo de batalla.

La película está claramente dividida en dos actos. Por un lado en su primera mitad tenemos la presentación de dicho personaje con su familia, su interés romántico y su posterior llegada al campo de entrenamiento militar. Toda esta parte tiene una estructura muy clásica y por momentos recuerda con su sobriedad al estilo de Clint Eastwood. Gibson construye los cimientos del personaje protagonista de forma muy sólida y está arropado por actores y personajes muy potentes que sirven como buen contrapunto a dicho personaje, como Hugo Weaving que da vida a su difícil padre o Teresa Palmer como su chica.También cabe destacar el papel de Vince Vaughn como su instructor militar.

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Obviamente ser objetor de conciencia y rehusar utilizar armas en un campamento militar donde se preparan para entrar en batalla es algo que dará para momentos difíciles, y Gibson sabrá mostrarlos sin remilgo alguno. La relación con sus compañeros de pelotón no será fácil y con sus superiores mucho menos. Acabará enfrentándose contra viento y marea por defender sus ideales pese a sus consecuencias más crudas. Remarcando una y otra vez que él jamás usará y ni tan siquiera cogerá un arma. La película le da mucha importancia a esta parte que ocupa la mitad de su metraje porque es la espina dorsal de la misma, para luego entrar ya en su segunda mitad en lo que viene a ser una película bélica pura y dura.

Llegamos así a la toma de la cima que da nombre a la película, Hacksaw Ridge en Okinawa y aquí es donde el director nos regala una hora de puro cine bélico de primer nivel. No tardan mucho los soldados en entrar en acción y una vez que suben por el acantilado se desata el infierno. La parte dramática, emocional y de corte clásico en su estructura de su primera mitad se deja a un lado y Gibson nos ofrece unas escenas de acción maravillosas. Rodadas con una maestría fílmica a la altura de los grandes sin usar planos epilépticos o hiperbólicos, (un gran mal de nuestro tiempo) vemos todo perfectamente y con una crudeza en el campo de batalla que no nos dejará indiferente. Una vez más Gibson nos demuestra el  gran director que es en unas escenas de batalla que por su crudeza, intensidad y buen hacer son desde ya lo mejor que se ha visto en el cine bélico desde Salvar al Soldado Ryan de Steven Spielberg.

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Este director también se caracteriza por mostrarnos sin miramientos escenas de suma crudeza, violencia o gore y aquí vuelven a hacer acto de presencia. Nos muestra el horror del campo de batalla sin filtros, aquí sólo hay tierra, gritos, fuego y sangre. No deja respirar al espectador en plena contienda con momentos que se quedan grabados en nuestra retina ya sean por su fuerza cinematográfica o por su intensidad. Apoyados por una gran fotografía que al igual que la propia estructura de la película tiene dos vertientes (en su primera mitad tenemos tonos más cálidos que van en comunión con las emociones del personaje para despues pasar a tonos mucho más fríos para transmitir la crudeza del combate).

El buen uso del sonido es primordial para una película bélica y aquí brilla a gran nivel, la toma de Hacksaw Ridge es el infierno en la tierra y no sólo a nivel visual sino también a nivel sonoro. A esto se le une la excepcional banda sonora de Rupert Gregson Williams que refuerza los momentos clave ya sea a modo de tensión o en los momentos más emotivos. Además Gibson se permite ciertos detalles visuales maravillosos que demuestran el pedazo director que es, como esa especie de travelling en retroceso que va pasando entre ambos bandos en pleno enfrentamiento, que es una verdadera pasada, totalmente descriptivo y para nada gratuito. Y como este momentazo nos regala unos cuantos a lo largo de todo el filme.

A nivel de producción la película tiene una buena factura, contando con buena recreación de la época en cuanto a vestuario y localizaciones. Sobre todo sabiendo que es un filme con un presupuesto ligeramente bajo para una premisa así, ha costado 40 millones de dólares. Gibson los exprime al máximo y nos regala una gran película bélica de excelente factura a todos los niveles y basada en una historia real que desde luego era muy muy sugerente y carne de ser llevada a cine.

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Con ‘Hasta el último hombre’ Mel Gibson vuelve por la puerta grande y nos regala otro peliculón, cine bélico del bueno, con un personaje y un prisma pocas veces explotado dentro del género que hacen de sí mismo su mayor virtud. Nos ofrece una película que está por méritos propios entre lo mejor del año. Este director no defrauda y sabe hacer cine alejado de las florituras del cine más comercial lleno de excesos visuales tan efectivos como vacíos en el que estamos casi ahogados hoy día y donde la violencia se banaliza en post de la mera diversión, desvirtuando así su verdadero sentido. Aquí hay cine sólido y adulto que nos muestra la violencia sin anestesia ni adornos y donde además hay espacio para una historia intimista, humana y llena de emotividad y donde la lucha por ir hasta el final por defender nuestros valores es su principal mensaje dando lugar a una película tan emotiva como cruda. Una joya.

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